París hace esperar a Calviño con Vestager al acecho | Economía

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha apostado fuerte para que Nadia Calviño sea la próxima presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Si lo logra, la vicepresidenta primera y ministra de Economía deberá dejar el cargo que renovó hace menos de dos semanas. Es 3 de diciembre. Las probabilidades de que Calviño lo logre son altas. El jefe del Ejecutivo lo sabe y aún así no le ha importado renovarle la confianza pese a que, si tiene éxito, provocaría una crisis de Gobierno apenas 40 días después de que el nuevo (y sufrido) Ejecutivo eche a andar. Es muy probable que Sánchez sepa el próximo viernes si su jugada, arriesgada otra vez, le ha salido bien. Y para que eso suceda, será muy importante lo que haga Francia, único país grande que todavía esconde sus cartas.

Este 8 de diciembre se reúne en Bruselas el Ecofin, el órgano que agrupa a los ministros de Finanzas de la UE, con dos puntos calientes en su agenda: la reforma de las reglas fiscales y la elección del próximo presidente del BEI. Este último se abordará durante el desayuno, como ha planteado el ministro belga Vincent van Peteghem, responsable de coordinar el proceso como presidente rotatorio de la junta de gobernadores del banco y encargado, por tanto, de las consultas informales. Tras ellas, el jueves envió una carta a sus homólogos diciendo: “Me gustaría proponer a Nadia Calviño [para que se vote] como próxima presidenta del BEI”. Es la forma de decir que después de hablar con los titulares de Finanzas él piensa que la candidatura con más apoyos es la de la ministra de Economía española.

El último día del año concluye el mandato de Werner Hoyer al frente del BEI —el principal banco público de las instituciones europeas, algo así como el ICO en España—, que en los próximos años gestionará, por ejemplo, 20.000 millones en préstamos correspondientes al plan de recuperación español. Desde el principio, el proceso de sustitución se ha convertido en un mano a mano entre Calviño y la liberal danesa Margrethe Vestager, vicepresidenta de la Comisión Europea, aunque apartada temporalmente del cargo por ser aspirante al otro puesto. Todas las fuentes consultadas durante los varios meses que dura el proceso señalan sin dudar que son las favoritas y, de hecho, Vestager se siente tan fuerte que mantiene su candidatura incluso después de que Bélgica haya dejado caer que su contrincante tendría más opciones. Hay otras tres alternativas (el exministro de Finanzas italiano, Daniele Franco, y los que ya son vicepresidentes de la entidad, la polaca Teresa Czerwinska y el sueco Thomas Östros) aunque pocas fuentes más allá de sus propios países les dan posibilidades.

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No falta quien especula con la hipótesis de que Franco emerja como candidato de consenso ante un bloqueo mutuo entre la española y la danesa. Si pasara eso o ganara Vestager (algo todavía posible), sería la tercera vez que Calviño ve frustradas sus aspiraciones en la UE: en 2019 buscó el apoyo de los socios europeos para ser directora gerente del FMI, que optaron por la búlgara Kristalina Georgieva; un año después perdió, contra todos los pronósticos, la presidencia del Eurogrupo frente al irlandés Pascal Donohoe.

Pero el sistema de elección para la presidencia del BEI es distinto al de aquellos procesos. Ya no es un voto por país. Se decide por doble mayoría del 68% del capital más el voto de 18 Estados/accionistas. Esto da más poder a los grandes al ser los que poseen más acciones: Alemania tiene el mismo capital que Francia e Italia (18,8%); España sería el cuarto accionista (11%), Países Bajos y Bélgica cuentan con el 5,2%; Polonia, el 4,6% y así sucesivamente hasta llegar a Malta, el país más pequeño de la UE, que posee el 0,05%.

Van Peteghem sabe algo que casi nadie conoce: cómo está realmente la distribución de fuerzas. Muy pocos países han dicho en público a quien respaldan. Alemania y Portugal, sí, a Calviño, que cuenta además con el impulso del belga. Ha trascendido que Bulgaria y Grecia apoyan a Vestager, y que Italia también lo haría en caso de que su candidato no tuviera opciones. En este escenario, la decisión de París con este sistema de elección se presenta pues casi decisiva para, al menos, convertir a la española en la única opción viable. Pero ni el titular de Finanzas francés, Bruno Le Maire, ni el presidente Emmanuel Macron han soltado prenda en a las reiteradas preguntas hechas sobre el asunto. A lo más que ha llegado el diario económico galo Les Echos es a apuntar que París no se opone a la opción española.

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Cuesta pensar que Bélgica haya dado el paso de proponer el nombre de Calviño para una votación sin conocer la decisión de Francia. No obstante, varias fuentes de países y de otras candidaturas ven en el movimiento de la presidencia rotatoria del BEI como una forma poco ortodoxa de forzar el desbloqueo de un proceso que lleva empantanado desde septiembre. Van Peteghem ha dado de plazo a sus homólogos hasta este lunes para objetar su propuesta. “Estamos un poco sorprendidos, todavía hay otras cuatro opciones”, apuntaban este viernes disconformes desde una de las candidaturas. Otras fuentes apuntan que hay países que no están de acuerdo con el camino que ha emprendido Van Pethegem para desencallar el proceso, aunque no saben si darán el paso de mostrar su oposición explícitamente. Una de ellas esperaba este mismo sábado que lo hagan Dinamarca, Polonia, Italia y Suecia, los países de los cuatro candidatos perjudicados. Uno de estos países se limitaba a decir que mantienen su candidato.

Para que ese malestar mantuviera el bloqueo actual, debería contar con 10 países que sumaran, al menos, el 32% del capital más una acción. Ahora esos cuatro Estados con candidatos suman el 29,4%, ni sumando a Grecia y Bulgaria podrían alcanzarlo. Pero falta por saber qué piensan otras capitales que, supuestamente, están con Vestager, a quien se le supone el apoyo de un mayor número de estados medianos y pequeños que Calviño, y si están dispuestos a dilatar la elección de la presidencia del BEI durante más tiempo. Un buen termómetro de eso será la posición que adopte Países Bajos, de Gobierno todavía liberal, como la danesa, aunque con una ministra, Sigrid Kaag, que mantiene una muy buena relación personal con la española, con la que llegó a presentar mano a mano una propuesta para empujar la reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

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Si los descontentos lograran suficiente respaldo, se prolongaría así una situación bloqueada desde hace meses y abierta al mismo tiempo que los ministros de Finanzas de la UE discuten sobre la reforma de las reglas fiscales, algo que coordina España al ostentar la presidencia rotatoria del Consejo de la UE. Y también coincidiría con la próxima elección de la sede de la Agencia Europea contra el Lavado de Dinero (AMLA), a la que aspiran Madrid, Fráncfort, París y Roma, entre otras ciudades. De hecho, el Ministerio de Finanzas italiano, cuando respondió sin desmentir a una información de la agencia Bloomberg que señalaba que en caso de que Franco se quedara sin opciones apoyaría a Vestager, recordaba en el mismo mensaje que Roma aspira a la sede del AMLA.

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