Nadal confirma que volverá a la competición el próximo enero en Brisbane | Deportes

Rafael Nadal despejó este viernes la gran incógnita y confirmó dónde y cuándo regresará a las pistas tras un año apartado por una lesión en el psoas ilíaco. En concreto, el tenista español, de 37 años, fijó su vuelta para la primera semana de enero en el torneo de Brisbane, que se celebrará del 31 de diciembre al 7 de enero. Si todo va bien en ese primer ensayo, su hoja de ruta le conduciría a continuación al Open de Australia, del 14 al 28 de enero en Melbourne. El mallorquín lo anunció por medio de un vídeo en sus redes sociales, acompañado de imágenes correspondientes a su último partido y al proceso de recuperación. “Después de un año fuera de la competición ha llegado el momento de volver. Será en Brisbane, en la primera semana de enero. Nos vemos allí”, transmite el deportista, que el 2 de junio pasó por el quirófano para ser intervenido del problema en el psoas y también de una vieja dolencia en la cadera.

Nadal se lesionó el 18 de enero, durante el partido de la segunda ronda del Open de Australia que le enfrentaba al estadounidense Mackenzie McDonald. En un principio, el tiempo estimado de baja era de seis a ocho semanas debido a “una lesión de Grado 2 del psoas ilíaco de su pierna izquierda”, pero la recuperación fue complicándose y, tras posponer varias veces su reaparición, optó finalmente por la operación, llevada a cabo en Barcelona. Después de dar por finiquitada la temporada, el tenista fue completando un proceso de rehabilitación progresivo hasta que pudo volver a pelotear en octubre en las instalaciones de su academia en Manacor. El ritmo ha ido en aumento y ahora mismo se ve en condiciones de regresar al circuito. Lo hará, eso sí, en el puesto 663º del ranking.

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Su caída en el listado supondrá un reto mayúsculo para él, porque a la obligación de recuperar el ritmo competitivo se añadirá el hecho de tener que enfrentarse en las primeras rondas de los torneos a rivales de máxima entidad; entre ellos, el propio Novak Djokovic. En cualquier caso, el objetivo prioritario de Nadal es volver con las máximas garantías posibles e ir paso a paso para tratar de tener el recorrido más largo posible. Entre sus ilusiones, dice, está el poder despedirse de aquellos escenarios que han sido más especiales a lo largo de su carrera, y pese a que en mayo declarase que su intención inicial es que el de 2024 sea su último curso, no descarta ninguna opción; es decir, decidirá siempre en función de lo que su cuerpo vaya dictándole.

Durante el último trimestre, el tenista ha ido ofreciendo señales de que su vuelta iba por el buen camino a través de las redes sociales. Sin embargo, todas sus intervenciones públicas han ido acompañadas de un mensaje de precaución. El director del Open de Australia, Craig Tiley, manifestó en dos ocasiones que Nadal volvería en su torneo, pero el balear lo desmintió. “A día de hoy estoy intentando dar pasos hacia delante, y cuando estás en un proceso como el mío también hay pasos hacia atrás, así que hay que intentar que sean los menos posibles. Pero son inevitables. Voy por un camino más o menos adecuado, pero estoy en un terreno desconocido, porque nunca la había tenido antes”, transmitía a finales de octubre, durante un acto promocional de complementos alimenticios en Madrid.

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Un circuito renovado (y Djokovic)

Al final, él y su cuerpo técnico han determinado que la mejor opción para el regreso es Brisbane, un torneo de categoría 250 –la cuarta en importancia de la ATP– que figuró durante una década en el calendario (de 2009 a 2019) y que luego desapareció en favor de la ya extinta ATP Cup. El español, ganador de 92 títulos en la élite, compitió allí en 2017 (cuartos) y entiende que ahora, incluido otra vez en el programa, puede suponer una buena plataforma de lanzamiento para readquirir sensaciones de cara al Open de Australia, donde triunfó en dos ocasiones (2009 y 2022). No obstante, en todas sus apariciones ha hecho gala de un discurso tan enigmático –”¿y si de repente estoy perfecto? ¿y si de repente me apetece seguir?”– como realista –”la ilusión no es volver y ganar Roland Garros, que le gente no se equivoque”. Sabe Nadal que debe recuperar el terreno perdido y no será nada sencillo. El 3 de junio cumplirá 38 años y todo es distinto.

Nadal, el pasado día 15 durante un acto en Barcelona.Alejandro Garcia (EFE)

A su vuelta se encontrará con un circuito renovado, en el que Djokovic sigue ahí, más reforzado si cabe, pero conteniendo prácticamente en solitario a una selección de jóvenes que vienen con fuerza y desean consolidar el relevo generacional insinuado desde hace un año. Carlos Alcaraz ya es toda una realidad, el italiano Jannik Sinner pretende seguir los mismos derroteros que el murciano y no falta la amenaza intermedia de los Medvedev, Zverev, Ruud, Rublev o Tsitsipas, a lo que se suma el empuje de la hornada más reciente. Los Rune, Shelton y compañía compiten con una marcha extra por su juventud y representarán un obstáculo mayor para un tenista que ingresó en el circuito en 2001, coincidiendo con el nacimiento de algunos de sus potenciales rivales. Ahora bien, hasta que el físico no le frenó, Nadal progresaba hasta las rondas finales.

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Antes de romperse en Melbourne, el mallorquín alzó sus dos últimos majors y fue capaz de sobreponerse a la lesión crónica en el pie izquierdo que le puso entre la espada y la pared. Del mismo modo, su chasis siguió advirtiéndole y sufrió roturas abdominales en Wimbledon y Nueva York, dejando un poso de incertidumbre que se agudizó con el percance posterior en Melbourne. Ahora, sus feligreses se aferran a ese eterno instinto de resurrección para soñar con un último capítulo de gloria, mientras que los escépticos adivinan un cierre acompañado de más sufrimiento. Con objetivos tan suculentos por delante como Roland Garros y los Juegos Olímpicos de París, los cuartos en los que participaría tras las ausencias forzadas de 2012 y 2021, Nadal de momento ya disfruta de su particular victoria, aquella que le ha movido a ejercer esta última intentona: volver a jugar.

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