Eurocopa: Y en enero llega la Copa de África | Fútbol | Deportes

Nicolo Barella celebra junto a sus compañeros la clasificación para la Eurocopa de 2024.CHRISTOPHER NEUNDORF (EFE)

El pasado lunes tuve la ocurrencia de ver el partido Ucrania-Italia que decidía la clasificación del grupo C para una de las selecciones contendientes. Supongo que me guio el interés por el fútbol, la posibilidad de ver a Italia, actual campeona de la Eurocopa, puesta en el límite competitivo, disfrutar de una Ucrania transvasada a Leverkusen, pero Ucrania y en la que algunos jugadores como Mudryk, Dovbyk o Tsygankov nos la han puesto en el escaparate de la actualidad. La transmisión era en UEFA TV y la narración como aquellas de los años 90. Al cabo de unos minutos descubrí que el auténtico motivo de mi curiosidad no era otro que poder ver un excelente partido desde el punto de vista competitivo, sin tener que realizar análisis de tipos de juego y esas cosas, disfrutar de la tensión de lo que allí se estaba jugando y seguir el partido con la tranquilidad de saber que ganara uno u otro iba a seguir durmiendo con la misma tranquilidad. Fíjense que llegué a analizar sin pasión esa juzgada dudosa del final de partido y ahí descubrí que el árbitro era Gil Manzano. Y a mí también me pareció que no era penalti, pero tampoco se crean que miré las distintas repeticiones con el interés de encontrarlo. Y como al comentarista le era todo igual, mi Ucrania- Italia acabó sin disputas y solo con la alegría, y cierta descarga de presión, de los jugadores italianos.

Porque está claro que cuando no hay nada en juego en el partido que estás viendo se crea un excelente escenario para seguir el juego, divertirse con las acciones positivas y ser muy comprensivo con los errores. Esa distancia le da ecuanimidad, pero también le quita emoción e igual es por eso que solemos acabar tomando partido por uno de los contendientes, aunque no nos vaya nada en el encuentro ni conozcamos mucho de los contendientes.

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Eso es justo al revés cuando tenemos en juego a los nuestros, lleven los colores que lleven, y todo lo que pase en el terreno de juego nos lo tomemos como algo personal. Por ejemplo, esas lesiones que se dan en este periodo de selecciones nacionales y que inmediatamente transvasamos a la competición local y a cómo le afecta a mi equipo o debilita a mi rival más directo. El caso de la lesión de Camavinga y la posterior y más grave de Gavi, aunque se nos ha olvidado la de Yeremi Pino porque como era entrenando con su club parece menos interesante y no suma para lo que tienen en común las dos anteriores y que ha hecho que todo el mundo se haya girado hacia el calendario global del fútbol y haya coincidido que está saturado y que habría que hacer algo con él. Lo que nadie dice es por dónde hay que cortar ese maratón futbolístico porque quien más quien menos tiene intereses en algún punto de esa cuerda eterna; así que todos miramos a otro lado para liberar nuestras conciencias y que este viernes vuelva el espectáculo en las Ligas nacionales, y la semana que viene en la competición europea, esa que tanto dinero aporta, y cuando nos acerquemos a junio empezaremos a olisquear la Eurocopa con perfume de ser magnífica (y Yeremi y Gavi estén en el gimnasio acabando su recuperación, pero ya no sean actualidad).

Y que, sobre todo, la pelota siga rodando. Porque lo que no solemos hacer los actores del fútbol, es decir, por dónde cortaríamos nosotros de nuestra parte para que todo se equilibre y sea mejor y a que estamos dispuestos a renunciar, casi siempre suele ser dinero, para que todo adquiera la racionalidad que demandamos. Si miramos a esos deportes americanos hiperprofesionalizados veremos que sus calendarios están superapretados, pero que los tiempos de descanso y de preparación para la competición son largos y permiten combinar la playa con la recuperación de las lesiones que se arrastran en la temporada.

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Porque ya les voy avisando, esto lo aprendí en mi paso por el Olympique de Marsella, que en enero llega la CAN, Copa Africana de Naciones, la Euro de África, que ocupará a los jugadores convocados por sus selecciones todo enero y hasta mediados de febrero los que lleguen a los últimos escalones de la competición. Y está en el calendario FIFA y puede que algunos descubran que alguno de sus mejores jugadores se van como si la competición hubiera caído ayer del cielo.

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