Muere el ex primer ministro de China Li Keqiang a los 68 años | Internacional

Li Keqiang, ex primer ministro chino, ha muerto este viernes en Shanghái tras sufrir un infarto la jornada anterior, ha anunciado la prensa estatal. Tenía 68 años —joven para los estándares de defunciones de la jerarquía comunista— y había ejercido el cargo durante la última década, coincidiendo con los primeros 10 años de Xi Jinping en el poder. Se le consideraba un defensor de las políticas de reforma y apertura económica iniciadas en la era de Deng Xiaoping, pero su figura quedó jibarizada tras la omnipresencia y la creciente concentración de poder de Xi. Se le recuerda como uno de los jefes del Ejecutivo con menor capacidad de maniobra de las últimas décadas.

En marzo de este año, Li terminó su segundo mandato de cinco años como jefe del Ejecutivo y fue sustituido en el cargo por Li Qiang, hombre de total confianza de Xi. Su fallecimiento supone también la práctica defunción de la que fuera una de las facciones políticas más poderosas del Partido Comunista chino, la Liga de las Juventudes.

Xi Jinping saluda a Li Keqiang, durante el Congreso Nacional del Partido Comunista de China celebrado en Pekín, en marzo de 2023. POOL (via REUTERS)

Nacido en Hefei, en la provincia de Anhui, e hijo de un funcionario comunista local, su educación fue interrumpida durante la turbulenta Revolución Cultural, cuando fue enviado a trabajar a una comuna. Se unió al Partido en 1976, el año de la muerte de Mao Zedong. Poco después, entró en la Universidad de Pekín, una de las más prestigiosas del país, donde se enroló en actividades políticas del Partido y se licenció en Derecho. Tras graduarse, se unió a la Liga de las Juventudes Comunistas, donde conoció al futuro presidente del país y secretario general del Partido, Hu Jintao, entonces líder de la Liga.

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Amplió sus estudios en economía y trepó en la escalera del poder ejerciendo cargos provinciales de cada vez mayor relevancia. Hu Jintao, que llevó la batuta del país en la década previa a Xi Jinping, sería su gran valedor. En 2007, bajo la presidencia de Hu, Li fue nombrado como uno de los siete miembros del comité permanente del Politburó, el vértice de la pirámide de poder en China. Se llegó a especular con que sería el hombre llamado a suceder a Hu en lo más alto, hasta que emergió el nombre de Xi con más fuerza: en 2012, este sería aupado a la secretaría general del partido, y a la presidencia en 2013, mientras Li quedaba relegado al puesto de primer ministro, secundario en China, y más secundario aún tras las reformas que fue acometiendo Xi en los años posteriores.

Li Keqiang y Barack Obama, en Kuala Lumpur (Malasia), en 2015.
Li Keqiang y Barack Obama, en Kuala Lumpur (Malasia), en 2015.Jorge Silva (REUTERS)

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El último fogonazo de complicidad entre Hu y el que había sido su delfín, Li Keqiang, pudo verse en el pasado congreso del Partido Comunista, hace un año: el día en que los cuadros votaban el liderazgo del partido —estaba previsto que Xi Jinping fuera reelegido para un tercer mandato sin precedentes—, Hu fue levantado de su silla junto a Xi y visiblemente obligado a abandonar la sala del Gran Salón del Pueblo. Mientras era conducido fuera de la estancia, Hu posó su palma sobre el hombro de Li Keqiang. Este apenas se movió.

“Como un beso de la muerte”

“Fue como un beso de la muerte”, dice el analista Willy Lam, investigador principal de la Jamestown Foundation, que cree que con su fallecimiento queda sin poder la facción de la Liga de la Juventud, considerada rival de la de Xi, y contra la que el presidente chino ha desarrollado una particular cruzada a lo largo de su mandato. “Un par de años después de que Xi Jinping llegara al poder, en 2012, fue capaz de marginar por completo a Li Keqiang, y la Liga no estaba en condiciones de oponerse. El hecho de que Hu Jintao fuera expulsado sin contemplaciones y sacado del Gran Salón del Pueblo, demuestra que ha dejado de ser una fuerza a tener en cuenta”. Como primer ministro, añade Lam, Li fue el único de entre los principales mandos “que insistió en continuar las reformas económicas de Deng Xiaoping, pero muy pronto fue apartado, por lo que no tuvo mucha influencia en la política económica”.

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Li Keqiang saluda a Fidel Castro, durante una visita en La Habana (Cuba), el 25 de septiembre de 2016.
Li Keqiang saluda a Fidel Castro, durante una visita en La Habana (Cuba), el 25 de septiembre de 2016. Handout . (REUTERS)

El autor Richard Mc Gregor argumenta en la biografía política Xi Jinping, the backlash (2019) que los cambios introducidos por el actual presidente en la última década han supuesto el “abandono” de las reformas que trató de introducir Deng Xiaoping para dejar atrás la era de Mao Zedong, como la de “limitar el rol del Partido y dinamizar las competencias del Gobierno”. Ese giro dio paso al Consejo de Estado (el Ejecutivo chino) “más débil que se recuerda”, añade. “Li Kegiang, primer ministro y, en teoría, el segundo líder en el escalafón nacional, había cedido, o se había visto obligado a ceder, numerosas funciones clave a Xi, sobre todo la de principal responsable de la política económica”, describe aquella época.

Li Keqiang asumió el cargo con la economía China aún creciendo a un ritmo fuerte del 7,8% en 2013; lo dejó en 2023 con el PIB aumentando a una de sus tasas más bajas en casi 50 años. Su muerte llega en un momento en el que, precisamente, la locomotora china no termina de arrancar al ritmo esperado, lastrada por un maltrecho sector inmobiliario, un consumo átono y marcada por la rivalidad geopolítica con Estados Unidos.

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